La Est茅tica en la Sociedad Contempor谩nea. La Ruptura de la Verdad Preestablecida.

Dr. Francisco Morales Zepeda
Palabras Clave: Est茅tica, 脡tica, Percepci贸n Verbal, Lucha de Clases, Revoluci贸n
Resumen
La est茅tica, como forma perceptual muta a partir de la conceptualizaci贸n del entorno, de esta manera, los distintos planos de interpretaci贸n de la realidad pasa por la comprensi贸n cient铆fica 鈥揷onceptual- del contexto hist贸rico que rodea al individuo, y es ah铆, en donde la Revoluci贸n Proletaria ha de actuar en la construcci贸n de estilos de vida que se contrapongan a los elementos est茅ticos que limitan la percepci贸n verbal de la lucha de clases.
Introducci贸n
Cuando hablamos de la est茅tica, desde su abordaje epistemol贸gico, no estamos planteando una psicolog铆a de la est茅tica o del arte, estamos planteado el uso com煤n que desde la actividad cotidiana que realiza el ser humano en el acto est茅tico, a partir de su relaci贸n permanente con otro y con el entorno, en donde se expresa a la est茅tica como la relaci贸n con los dem谩s, mediado por el dialogo, lo que configura en su significaci贸n la realidad, dando paso al desarrollo hist贸rico de la verdad en su relaci贸n con la 茅tica entre el ser humano y sus actos.
Uno de los actos humanos en donde se expresa la est茅tica es en la toma de decisiones, y es en la planeaci贸n de la transformaci贸n de la realidad, en donde los aspectos perceptivos se ven conjugados con la significaci贸n del mundo, de ah铆 la importancia de abordar la configuraci贸n de la planeaci贸n actual en el capitalismo y desmitificar su fundamento cient铆fico, aportando a una nueva mirada que avance de la percepci贸n verbal a la percepci贸n conceptual.
El soporte epistemol贸gico en el dise帽o de la planeaci贸n estrat茅gica y estrat茅gica participativa derivan en una gesti贸n que prefundamenta los resultados en una 鈥減rospectiva鈥 que parte de la propia planeaci贸n, sin tomar en cuenta la realidad, lo que deriva en una homogenizaci贸n de la percepci贸n est茅tica que suplanta, a trav茅s de simulaci贸n, los significados culturales de la contemplaci贸n est茅tica, condicionando as铆 su vulnerabilidad en la toma de decisiones.
La reformulaci贸n de los fundamentos epistemol贸gicos de la planeaci贸n territorial en su relaci贸n con las Redes Institucionales, asumiendo un acercamiento a la horizontalidad en la toma de decisiones por parte de los ciudadanos es la base para una reconfiguraci贸n de la est茅tica en la planeaci贸n y con ello la Resignificaci贸n del paisaje, irrumpiendo en las mutaciones de una fundamentaci贸n sist茅mica que no permite conceptualizar la realidad.
M谩s all谩 de la Mimesis y la Percepci贸n
La est茅tica se presenta ante la mirada humana en una mediaci贸n con la realidad, constituida por la percepci贸n visual y la representaci贸n en los sistemas simb贸licos de las culturas, expresados en el lenguaje, y es ah铆, en donde la contemplaci贸n asume una comprensi贸n de significaci贸n verbal.
La contraposici贸n entre mimesis y percepci贸n que desarrolla Lukc谩s (1970), en su obra Est茅tica, asume que es a trav茅s de la contemplaci贸n donde se expresa el acto est茅tico, considerando que la percepci贸n es un aspecto supeditado a una interpretaci贸n de lo observado, es decir principalmente de orden visual, para despu茅s pasar a una interpretaci贸n en lo sublime de la mimesis, llevando la mirada m谩s all谩 de la 鈥渇otocopia鈥 de la realidad.
(鈥) Pues en cuanto que rebas贸 la mera indicaci贸n de objetos o procesos, la comunicaci贸n tuvo que apelar a los recursos de la m铆mesis para conseguir la modesta univocidad posible a ese nivel evolutivo. Es, sin embargo, notable 鈥搚 el ejemplo que hemos aducido lo prueba cumplidamente- que la imitaci贸n aplicada en esa situaci贸n est谩 a煤n m谩s lejos de poder ser una fotocopia del modelo de la percepci贸n misma. Hace falta un grado de abstracci贸n relativamente alto, un cierto grado de inequ铆voca acentuaci贸n de lo esencial, para caracterizar concretos objetos o procesos con palabras o gestos relativamente escasos. (Lukc谩s, 1982: 26)
Para Lukc谩s, la epistemolog铆a de la est茅tica se fundamente en la relaci贸n entre lo objetivo y lo subjetivo en la interpretaci贸n del significado en la mimesis a partir de los elementos de expresi贸n primitiva, en este sentido el propio Lukc谩s logra acercarse a los elementos culturales que median entre lo subjetivo y lo objetivo, sin alcanzar a interpretarlo.
Hemos visto ya que las expresiones mim茅ticas de la realidad cotidiana cuya finalidad es una comunicaci贸n pr谩ctica concreta y determinada por el contenido, va siempre y necesariamente envuelta en un 鈥渁ura鈥 de evocaci贸n emocional. Eso no es s贸lo una consecuencia del modo de expresi贸n, primitivo y poco exacto desde el punto de vista conceptual; m谩s bien naci贸, por una parte, del hecho de que toda comunicaci贸n social va del hombre entero al hombre entro y, por tanto, no pude contentarse con la simple transmisi贸n de contenidos conceptuales aclarado, sino que tiene que apelar tambi茅n a la vida emocional del destinatario. (Lukc谩s, 1982: 35)
El desarrollo de la psicolog铆a en el momento que Lukc谩s escribi贸 su tratado sobre est茅tica no permit铆a a煤n hablar de la diferencia entre Percepci贸n visual y verbal, aportado por L. S. Vygotsky a principios de los a帽os 30鈥檚 del siglo XX, en donde las consideraciones verbales de la percepci贸n permiten hablar de un acto hist贸rico cultural en la mirada.
Se entiende ahora el papel claramente diferenciado que se le atribuye al arte en tanto que forma ideol贸gica especial que trata de un aspecto totalmente diferenciado y peculiar de la psique humana. Y, para entender esta peculiaridad del arte y saber en qu茅 se distinguen exactamente el arte y su acci贸n de todas las dem谩s formas ideol贸gicas, debemos por fuerza recurrir al an谩lisis psicol贸gico. El arte sistematiza una esfera muy especial en la psique del hombre social: sus emociones. (Vygotsky, 2006: 34)
La presencia de las emociones en la condici贸n est茅tica da pie a una mirada educada en la significaci贸n cultural, con este aspecto la est茅tica pasa por el desarrollo cognitivo y en este sentido, la educaci贸n juega un papel fundamental en el acto est茅tico.
La educaci贸n se presenta como el espacio en el que se desarrollan los procesos cognitivos que dan paso a trav茅s de la internalizaci贸n de los conceptos a la vida perceptual verbal y con ello a una est茅tica mediada, en donde la profundidad en la descripci贸n contemplativa se ve influida por la comprensi贸n que tengamos del objeto contemplado, de ah铆, que las afirmaciones de Lukc谩s se vea limitadas a una refiguraci贸n de la realidad en la mimesis.
La representaci贸n mim茅tica tiene que ser la realidad misma, y no un reflejo abstractivo de momentos sueltos de la vida, como ocurre en la ornament铆stica. La representaci贸n mim茅tica no es pues nunca 鈥揺n su intenci贸n- algo sin mundo como la ornament铆stica, incluso cuando el contenido apunta a lo fant谩stico, a lo nunca visto ni o铆do, lo creado bajo el signo de la m铆mesis se presenta como la presentaci贸n de la realidad, refiguraci贸n del mundo. (Lukc谩s, 1982: 36)
La refiguraci贸n del mundo, a trav茅s de la mimesis puede ser modificada en la composici贸n del valor de cambio de la mercanc铆a, a partir del dise帽o, aspecto que suple los elementos que componen el valor de uso, y con ello la interpretaci贸n de la realidad pasa por un 鈥渟imulacro鈥 (Baudrillard, 2000) lo que ahonda en los procesos de fetichizaci贸n de las mercanc铆as.
Lo est茅tico marca m谩s bien a lo largo de un complicado rodeo: Los movimientos, los modos de comportamiento 鈥搚a en s铆 mim茅ticos- de las ocupaciones cotidianas del hombre en su tr谩fico con los dem谩s se imitan a su vez; y esos reflejos de reflejos convertidos en acciones no imitan ya para determinados fines pr谩cticos inmediatos determinados fen贸menos de la realidad, sino que agrupan sus im谩genes seg煤n principios plenamente nuevos: se concentran en la intenci贸n de despertar en el espectador determinadas ideas, convicciones, determinados sentimientos, pasiones, etc. Como es natural esa intenci贸n evocadora-mim茅tica se presenta tambi茅n en la vida cotidiana; sin esa 鈥減reparaci贸n鈥 no podr铆a situarse en el centro de la representaci贸n mim茅tica. (Lukc谩s, 1982: 38)
La relaci贸n entre la conciencia y la est茅tica esta mediada por el lenguaje en el ejercicio de la actividad concreta, de ah铆 que los 鈥渁ctos de significado鈥 (Bruner, 2004) se presenten dentro de un proceso de internalizaci贸n de esos mismos actos, es decir, a trav茅s de las categor铆as que permiten describir el acto est茅tico en s铆 mismo.
El contenido est茅tico de la realidad objetiva 鈥揹el mismo modo que otros contenidos de condici贸n an谩loga- es un contenido hist贸rico que resulta de una acumulaci贸n de experiencia humana que se transmite de generaci贸n en generaci贸n, con una cierta independencia relativa respecto a las fases y etapas del desarrollo social. Luego, su condici贸n objetiva no es absoluta 鈥揷omo lo son otras leyes permanentes de la naturaleza-, puesto que est谩 limitada por su ser hist贸rico, por su historicidad. (Revueltas, 1981: 163)
Para Gisele Marty (2000) podemos hablar de una facultad est茅tica, defini茅ndola desde la psicolog铆a del arte, desde su punto de vista como objeto de estudio de la misma, y en esa medida como 鈥(鈥) la facultad est茅tica no tiene nada que ver con la presencia de dotes art铆sticas excelsas. Este tipo de creatividad extrema se relaciona con otro fen贸meno diferente, que es el genio creador. Resulta f谩cil confundir ambos fen贸menos.鈥 (Marty, 2000: 96)
Hay que decir que Gisele Marty parte de una concepci贸n apriorista o innatistas de la concepci贸n est茅tica, aspecto que se desprende de los planteamientos de Noam Chomsky entorno al innatismo. Al igual que Lukc谩s, Marty comete el error de considerar a la percepci贸n la base de la facultad est茅tica en su relaci贸n con la psicolog铆a, aspecto que como hemos mencionado se encuentra rebasado ya por las aportaciones de Vygotsky, en torno a los proceso de internalizaci贸n
驴Ruptura Est茅tica?: Modernidad vs. Posmodernidad
En el siglo XXI se habla de 鈥渘uevas鈥 expresiones de la est茅tica a partir de la ruptura de la unidad, como parte de estos componentes arquitect贸nicos se habla del posmodernismo, con su p茅rdida de los linderos de la forma, en una relaci贸n que desde帽a el concepto de 鈥渁lta cultura鈥.
(鈥) Ante todo, hay una verdad del posmodernismo: 鈥渧erdad鈥, en el sentido de lo verdadero del s铆ntoma, en el que se expresa 鈥攕e articula鈥 el 鈥渞etorno de lo reprimido鈥 de aquella tragedia olvidada. El posmodernismo es, entre otras cosas, la recuperaci贸n (no siempre del todo conciente), por parte de la ideolog铆a dominante, del hecho de que se ha operado efectivamente, en el mundo, una metamorfosis 鈥攜 la resonancia kafkiana del t茅rmino no es desestimable鈥 por la cual ni la esfera de la producci贸n, ni las clases sociales, ni la praxis pol铆tica, ni el orden simb贸lico en su conjunto, son ya lo que eran: una 鈥減uesta a punto鈥 con respecto a la cual, hay que decirlo con claridad, el reloj de la izquierda atrasa sensiblemente. (Jameson, 1991)
La llamada 鈥渃risis de la modernidad鈥, est谩 acompa帽ada con la intencionalidad de los grupos neoliberales por dar al traste con 鈥渓os logros鈥 de la sociedad capitalista occidental, uno de ellos el Estado de Bienestar y el otro Los Derechos Humanos, contravienen los apetitos de acumulaci贸n que se expresan en la inmoralidad de la ganancia en las bolsas de valores del mundo.
Pero, tras la crisis de los noventa, la teor铆a del compromiso plantea en la actualidad un interrogante que, si bien hubiera sido un tanto ret贸rico en esos a帽os, en el presente no lo es: 驴sigue siendo 煤til el arte como herramienta de cambio social? Esta pregunta no es ociosa porque si alguna verdad se puede extraer de la historia del pensamiento, esa verdad es la que muestra el v铆nculo estrecho que existe entre la historia y las teor铆as, sean ellas sociales, pol铆ticas o est茅ticas. Hay condicionamientos epocales de las teor铆as y no hay llave maestra para todo tiempo y lugar. En los noventa se han agravado las condiciones que se viv铆an treinta a帽os atr谩s. El proceso cultural ha progresado hacia una nueva forma de realidad: la realidad delusoria. El l铆mite entre lo real y lo imaginario, dos esferas anta帽o bien diferenciadas, hoy tienden a ser confundidas en lo que se denomina 鈥渟imulaci贸n鈥. En la hiperrealidad de la simulaci贸n lo real y lo imaginario se encuentran. De esa indiferenciaci贸n se deriva el fen贸meno que Baudrillard ha llamado "desilusi贸n metaf铆sica": lo real deja cada vez menos luz a la alternativa ilusoria. Lo simb贸lico y lo imaginario se sumen en lo real. Lo real es entendido como lo hiperreal massmedi谩tico. (Guti茅rrez, 1999)
El mensaje que nos da la obra de arte no se limita a una mirada de orden conceptual, tambi茅n es una expresi贸n de contexto en el que se concibi贸 la obra, as铆, cada 茅poca se enlaza con las condiciones subjetivas en las que se ha presentado, el 鈥減osmodernismo鈥 no tiene asidero, es al igual que la globalizaci贸n un constructo conceptual con el que se juega 鈥渢e贸ricamente鈥 para justificar la barbarie econ贸mica.
La distinci贸n que yo sugiero por mi parte es la siguiente: toda obra de arte es un signo. Estos signos -que podemos llamar art铆sticos- son siempre s铆ntomas o testimonios. Dicho en otros t茅rminos, toda obra de arte, en cuanto a producto cultural, nos informa acerca de su 茅poca hist贸rica y puede suscitar en nosotros una actitud cognoscitiva. Entre los signos art铆sticos podemos distinguir las obras significativas o con significaci贸n (signos propiamente dichos) y obras no significativas. (S谩nchez, 1970: 33)
La dicotom铆a entre modernidad y posmodernidad es de orden artificial, producto de una interpretaci贸n de las formas, en las que se establece un orden basado en la informaci贸n apriorista de contorno est茅tico, de esta manera asumir esta 鈥渃onfrontaci贸n鈥 es aceptar un conflicto de orden visual en el que no hay en los hechos una transformaci贸n del entorno sino un reflejo invertido del propio modelo de producci贸n capitalista.
La evoluci贸n de las formas est茅ticas tiene su origen en las propuestas que desde la ingenier铆a se desarrollan, es decir desde la objetividad de la forma, as铆 por ejemplo, la Tensegridad en la forma arquitect贸nica.
La ruptura que desde el dise帽o, se hace no es un cambio en las formas, es decir, no es un proceso de ruptura est茅tica sino una suplantaci贸n de las formas por los contornos, sin mayor modificaci贸n a la funcionalidad de la mercanc铆a, un juego que desde el Marketing se conoce como la construcci贸n del concepto de la marca.
En el libro de 鈥淣o Logo鈥 Naomi Klein (2000) afirma 鈥淓s legitimo decir que el astron贸mico crecimiento de la riqueza y la influencia cultural de las empresas multinacionales que se ha producido durante los 煤ltimos quince a帽os tiene su origen en una idea 煤nica, y al parecer inofensiva, que los te贸ricos de la gesti贸n de empresas elucubraron a mediados de la d茅cada de 1980: que las empresas de 茅xito deben producir ante todo marcas y no productos.鈥
La construcci贸n de bienes intangibles como son las marcas en la sociedad de consumo se basa en el proceso productivo a trav茅s de la sustituci贸n de los desarrollos cient铆ficos por los elementos del dise帽o, propiciando con ellos cambios en la forma, es decir en los constituyentes de cambio de las mercanc铆as y no en el uso de las mismas, limitando con ello los procesos industriales y generando as铆 burbujas especulativas dentro de los procesos de crisis continua del capitalismo.
La suplantaci贸n de la forma por los contornos es en s铆 uno de los elementos explotados por la llamada 鈥渆st茅tica posmoderna鈥, sin m谩s variante que la irrupci贸n de lo 鈥渘o establecido鈥 y la negaci贸n de los elementos que constituyen un l铆mite preestablecido por la concepci贸n te贸rica de la realidad, una especie de 鈥渆mpirismo radical鈥, que avanza m谩s profundamente que Karl Popper y el llamado empirismo cr铆tico.
Cuando nos esforzamos en hallar las ra铆ces de este proceso desintegrador descubrimos que en los 煤ltimos siglos este proceso se centra en un fen贸meno predominante, a saber, la compleja y parad贸jica relaci贸n entre la conciencia y el inconciente. Esta relaci贸n variaba desde el antagonismo hasta la interacci贸n y el entrelazamiento; cambiaba la preponderancia y tocaba la creatividad, se inici贸 con la supremac铆a de la raz贸n y termin贸 en el predominio del inconsciente y en la incapacidad de la mente para dominar su mundo sobrepoblado y sobrecreado; y decir dominar es decir hacerlo coherente. De hecho la conciencia es percepci贸n de s铆 mismo dentro de una coherencia del mundo que nos rodea. Y en el 煤ltimo siglo hubo una gradual erosi贸n de esta percepci贸n. Perm铆taseme recordar aqu铆 las primeras etapas de este proceso. (Kahler, 1969: 36)
La posmodernidad no es un movimiento espontaneo, que se presenta ante la decadencia de la modernidad, no es ni por asomo una 鈥渞ebeli贸n鈥 de la organizaci贸n tradicional de la explotaci贸n del capitalismo, es en todo caso, un avance de la econom铆a de la especulativa, que da paso a la estructura de la econom铆a, en donde el manejo de la percepci贸n es fundamental, pues en ello se manejan las sensaciones a trav茅s de la manipulaci贸n de las masas de consumidores, en donde el camino es la sustituci贸n de la ideolog铆a por el estereotipo, aspecto que se manifiesta en los elementos de orientaci贸n del consumo, es decir, un estilo de vida, es en el que se sit煤a los proceso de cambio, permitiendo que la industria cultural irrumpa dentro del contexto de la vida cotidiana.
La uniformidad de la 鈥渞uptura鈥 a la que invita la posmodernidad nos indica claramente como se empata con los planteamientos que desde las organizaciones nos hablan de una teor铆a del riesgo en lo econ贸mico y en lo social (Beck, 1994), asumiendo que aceptaremos la perdida de estabilidad social como un componente permanente dentro de los planteamientos de toma de decisiones y con ello, asumir que nuestra condici贸n de despose铆dos tiene un componente de suerte y no de decisi贸n intr铆nseca al propio sistema capitalista.
De la Gesti贸n Estrat茅gica a las Redes Institucionales. La Resignificaci贸n est茅tica del paisaje
En la 煤ltima d茅cada, la perspectiva de la planeaci贸n estrat茅gica y su derivaci贸n operativa la gesti贸n estrat茅gica y estrat茅gica participativa ha presentado un declive, derivado del resquebrajamiento de los postulados epistemol贸gicos en la planeaci贸n econ贸mica en la conceptualizaci贸n de la historia y del territorio, pero lejos de desaparecer del contexto institucional, los pa铆ses perif茅ricos insisten en implementar estos modelos de planeaci贸n y operaci贸n de los programas de desarrollo por la dependencia que se tiene del financiamiento internacional.
La planificaci贸n econ贸mica centralizada fue objeto de ataques airados durante toda la d茅cada de 1970 y parte de los 80鈥檚 por parte de modelo neoliberal, en este contexto, no pocos te贸ricos de las organizaciones (Spenger (2000); Tissen, Andriessen y Lekanne (2000); Durker (2001), Leydesdorff (2001), entro otros) asumieron que existe una relaci贸n entre el conocimiento y el cambio organizacional y el desarrollo econ贸mico.
El conocimiento y la innovaci贸n como elementos de desarrollo econ贸mico se enfrentan a una pregunta, derivada de las condiciones objetivas del crecimiento econ贸mico, 驴Por qu茅 unas regiones crecen y otras no? En la b煤squeda de esta respuesta, las interpretaciones se han limitado a elementos interpretativos de las potencialidades de los territorios (Scott, 2004), sin una relaci贸n que trascienda las explicaciones de car谩cter funcionalista de la teor铆a de sistemas (Luhmann, 2001)
Las continuas crisis econ贸micas en el contexto capitalista en la primera d茅cada del siglo XXI, han llevado al modelo neoliberal a una crisis estructural, que se empata con la p茅rdida de legitimidad del modelo capitalista y sus fundamentos axiom谩ticos: Explotaci贸n de la naturaleza, la explotaci贸n del hombre por el hombre y la desigualdad territorial.
La emergencia de las Redes Institucionales desde una perspectiva de la planeaci贸n territorial (Morales, 2007), permite que hablemos de una resignificaci贸n del paisaje a partir de la contemplaci贸n est茅tica mediada por la conceptualizaci贸n del entorno y con ello situar en su condici贸n de uso al entorno, sin mayor pretensi贸n que el usufructo del espacio mismo.
Lo que predomina en el paisaje de la sociedad de consumo es el logo, la marca, aspecto que en los hechos satura la mente de las personas, obnubilado su percepci贸n del mundo, a trav茅s de una carga visual que limita el desarrollo de una perspectiva propia del mundo a trav茅s de la conceptualizaci贸n del mimo.
Los espacios sociales, se adecuan las condiciones de negaci贸n de las oportunidades sociales y a m谩s a煤n en los pa铆ses subdesarrollados, en donde el capitalismo salvaje hace patente su desprecio por el orden social y la normatividad jur铆dica, avasallando la naturaleza y negando los derechos b谩sicos a los trabajadores.
La Felicidad sin sacrificio no es posible, la risa en el sistema capitalista como elemento l煤dico que nos relaciona con los dem谩s es suplantada por la mueca de la sinraz贸n, no hay en el contexto est茅tico de lo teatral o lo literario un componente que se base en un humor compartido, todo se enfoca a la negaci贸n del otro, a la suplantaci贸n de sus aspiraciones por las aspiraciones del estereotipo de consumo.
Si bien durante muchos a帽os desde el abordaje Marxista la est茅tica ha estado subordinada a la ideolog铆a, es imprescindible pensar hoy en una relaci贸n abierta entre ambas, es decir, en donde la est茅tica se exprese desde la objetividad.
Las luchas revolucionarias en los frentes ideol贸gicos y art铆sticos deben hallarse subordinadas a la lucha pol铆tica, porque s贸lo a trav茅s de la pol铆tica puede expresarse en forma concentrada las necesidades de las clases y de las masas. Los estadistas revolucionarios o los expertos pol铆ticos que han sabido dominar la ciencia y el arte de la pol铆tica revolucionaria son, simplemente, dirigentes de millones de estadistas (es decir, las masas) y tambi茅n la misi贸n de recoger las ideas de estos estadistas-masa, someterlas a un proceso de refinamiento y devolver luego los productos refinados a las masas, para que 茅stas las acepten y las pongan en pr谩ctica. (Mao Tse- Tung en S谩nchez, 1970: 389)
Las ideas de Mao Tse-Tung entorno a la supeditaci贸n de lo est茅tico tiene un principio b谩sico la necesidad de mantener una coherencia en la comunicaci贸n de la propaganda, pero en el caso de las condiciones actuales de lucha, la est茅tica como instrumento de cambio asume la comprensi贸n de la realidad a partir de una interpretaci贸n de la verdad soportada en la b煤squeda de nuevos valores axiol贸gicos para la humanidad, en donde la condici贸n humana y las relaciones intra e interpersonales se expresen en la contemplaci贸n del acto est茅tico.
Los planteamientos de la planeaci贸n territorial y planeaci贸n estrat茅gica territorial como instrumento que desde el 鈥淢anagement鈥 capitalista, con sus fundamentos neokeynecianos y neoliberales no se separan de la reproducci贸n de las condiciones de explotaci贸n del ser humano.
En el caso del Management, en la Educaci贸n (en sus dos acepciones Gesti贸n Estrat茅gica Educativa y Gesti贸n Estrat茅gica Educativa Participativa) no permiten que se presente una interpretaci贸n verdadera de la realidad porque su fundamento filos贸fico es de orden idealista y sus propuestas psicopedag贸gicas, como es el caso de las competencias son de orden apriorista, es decir se considera que la evaluaci贸n tiene un fin predeterminado.
Las redes institucionales como espacio de decisi贸n se asumen en un contexto de complejidad hist贸rica en donde el sistema no tiene respuestas leg铆timas para la sociedad, y en donde es imprescindible desmontar los significados de dise帽o de la perspectiva gerencial de la vida humana que han derivado en un fin utilitario, sin una prospectiva de cambio y menos de partici贸n democr谩tica de los ciudadanos, en donde se trasladan los riesgos a los individuos sin un compromiso compartido para el desarrollo.
Est茅tica y Revoluci贸n
La est茅tica, como definici贸n de lo bello, tiene su origen en una definici贸n aristot茅lica de lo que debe ser contemplado, pero no de los aspectos que desde la perspectiva del uso ha de ser considerado arte, esa no es la b煤squeda de lo est茅tico, y es ah铆 donde inicia la primera ruptura con el orden aristot茅lico en el siglo XVI.
De ah铆 que la ruptura se presenta como un fin en s铆 mismo cuando hablamos de revoluci贸n, pero no es del todo real, la est茅tica no necesariamente es un punto de partida para la transformaci贸n de la realidad, en este sentido se hace necesario analizar hasta d贸nde las formas cotidianas del mundo concreto se presentan como un elemento de dinamizaci贸n del entorno. No podemos por tanto asumir que la creaci贸n es un elemento de cambio permanente, en todo caso es en el propio compromiso con lo emocional de la obra y el entorno lo que permite relacionar la est茅tica con la revoluci贸n.
La est茅tica, en su relaci贸n con la transformaci贸n de la realidad, es decir, en la ampliaci贸n de los l铆mites de la verdad se encuentra relacionada con una definici贸n 茅tica de la realidad, de ah铆 que la acci贸n humana, mediada por la percepci贸n, del entorno en el que se desarrolle en sus actos una interpretaci贸n que desde la cultura permite a la sociedad interpretar el contexto natural e hist贸rico, con la limitaci贸n de los c贸digos culturales con los que se desarrolla dicha cultura.
La relaci贸n entre 茅tica y est茅tica ha sido abordada por George Lukc谩s (1923), a partir de la evocaci贸n como acto humano, lo que permite, para Lukc谩s , modificar la m铆mesis humana, a trav茅s de una interpretaci贸n emocional que se expresa en los l铆mites de la propia contemplaci贸n. Lukc谩s abordo los estudios est茅ticos buscando superar al Marxismo ortodoxo, aspecto que le permiti贸 aportar al desarrollo la interpretaci贸n material de la conciencia. Ahora bien, hablar de una est茅tica marxista, nos remite por entero subordinar la primera a una lucha ideol贸gica de posiciones, pero en el contexto actual, el llamado realismo en la ideolog铆a del 鈥淪ocialismo Real鈥, no representa los elementos conceptuales con los que interact煤a la sociedad en los contextos cotidianos.
Nadie ha supuesto nunca que todos los hombres, o todos los escritores, o todos los artistas tengan que ser revolucionarios, como nadie puede suponer que todos los hombres o todos los revolucionarios tengan que ser artistas, ni tampoco que todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es tambi茅n una actitud ante la vida, ser revolucionario es una actitud ante la realidad existente, y hay hombres que se resignan a esa realidad, hay hombres que se adaptan a esa realidad y hay hombres que no se pueden resignar ni adaptar a esa realidad y tratan de cambiarla, por eso son revolucionarios. (S谩nchez, 1970: 404)
La lucha de clases, tiene expresiones propias en las condiciones sociales cotidianas, por lo que es en la propia interacci贸n social com煤n donde se encuentran expresada la concepci贸n del capitalismo, tanto en los perfiles arquitect贸nicos de los entornos urbanos como rurales, como en los estilos de moda de la ropa, en el consumo de alimentos, en las fiestas impulsadas desde el marketing del consumo, de ah铆, que es en este primer manejo perceptual del paisaje en donde se observa la capa superficial del conflicto entre quienes asumen como propio del capitalismo y lo expresan en el 鈥渙rden鈥 frente a un contraste de la miseria, desorden y promiscuidad, pero este es un espejo, una silueta, en donde las formas de producci贸n y enajenaci贸n desarrollan los elementos de apropiaci贸n del espacio, frente a millones a los que no se les ha educado para transformar su realidad y ser parte de la sociedad de consumo o de los despose铆dos.
Coincidamos en que bajo las condiciones actuales de genocidio, en todas sus formas, la tarea suprema del arte, la ciencia y el pensamiento es participar consciente y activamente en la preparaci贸n y triunfo de la Revoluci贸n Bonita. Acordemos que ni cient铆ficos, ni intelectuales, ni aristas pueden servir a la lucha emancipadora a no ser que est茅n subjetivamente penetrados por la necesidad revolucionaria organizada, social e individual, que traduzca el sentido y drama de la revoluci贸n en sus nervios para que procure libremente dar una encarnaci贸n art铆stica, cient铆fica etc. a su mundo interior y exterior. Coincidamos en no someternos a burocracia o secta alguna. En no aceptar la Belleza por etapas o en un solo pa铆s. (Buen, 2006)
En la contemplaci贸n, como aspecto que propicia el inicio de una forma diferente de establecer el proceso en la que se elaboran las actividades cotidianas, no estamos hablando s贸lo del uso de un entorno perceptual distinto, adem谩s de la ruptura de los criterios en los cuales el estado maneja la realidad, lo que en s铆 mismo confronta los linderos ideol贸gicos con los que se constituye el capitalismo tard铆o en las sociedades occidentales.
Buscar una nueva manera de comprender lo social evitar铆a que la metodolog铆a sea utilizada, tal como lo se帽ala Maffesoli (1997), como instrumento para disecar la epistemolog铆a y as铆 poder elaborar constructos te贸ricos aislados en compartimientos estancos. En esta direcci贸n, la est茅tica como creatividad sensible ampl铆a el horizonte comprensivo e interpretativo de lo social, construyendo una unidad de transversalidad entre la dimensi贸n abstracta y la sensible, que sirve de soporte a una vivencia integral de la calidad de vida, donde la imaginaci贸n, la intuici贸n y el concepto son el cemento que unifica el todo social. Esta estructura unitaria ha sido denominada por Maffesoli (op. cit.) como raciovitalismo, donde las pasiones, pulsiones, emociones, afectos ya no est谩n fuera de la realidad que se interpreta, sino que forman parte de la dimensi贸n de lo social. Esto da pie a una reflexi贸n epistemol贸gica sobre lo social, de car谩cter integral, facilitando as铆 la comprensi贸n de la realidad social. (Portillo, 2007)
A lo largo del siglo XX el conflicto entre lo real y lo abstracto en el arte se enfrascaron en un debate de la forma en la est茅tica (Hadjinicolaou, 1974, Sachez, 1970), en ambos extremos el debate ideol贸gico subordina el conflicto epistemol贸gico de la valoraci贸n est茅tica. El mundo, los individuos mientras tanto continuaron naciendo y muriendo en un 鈥渙rden鈥 de que ha perdurado cinco siglos, en donde las leyes de la posesi贸n material de los medios de producci贸n ha mantenido la hegemon铆a, sobre el desbordamiento social de los canones del consumo, incluso empobreciendo a la humanidad con tal de prevalecer, como ha sucedido en la segunda mitad del Siglo XX y principios del XXI con la llamada econom铆a especulativa.
(鈥) el mundo que revela es el de una ideolog铆a cualquiera que sea su 鈥渞ealismo鈥 (el de im谩genes). De momento, basta con insistir sobre el hecho de que la ideolog铆a de la imagen es una ideolog铆a propiamente 鈥渄e im谩genes鈥 y no pol铆tica o literaria, un tipo de ideolog铆a que no existe, como tal, sino que en la forma de las dos dimensiones de la imagen, sin dejar de mantener relaciones espec铆ficas con los dem谩s tipos de ideolog铆as (literaria, pol铆tica, filos贸fica, etc.). (Hadjinicolaou, 1974: 19)
La organizaci贸n de la forma en la posmodernidad, es en s铆, la b煤squeda de un orden preestablecido bajo la imagen de la ruptura, pero en los hechos el componente idealista kantiano dan al traste con los elementos que constituyen dicha ruptura, as铆, en todos los 贸rdenes, econ贸mico, pol铆tico, social, la definici贸n previa de lo que se busca con la imagen determina el uso que de ella se hace en el entorno social.
La negaci贸n de la lucha de clases en el socialismo parlamentario europeo desde mediados del siglo XX ha gestado un camino en el que la simulaci贸n en las relaciones de explotaci贸n se ha llevado a cabo un manique铆smo del contexto social en el que se desarrollan los conflictos sociales, dando paso a un conjunto de elementos de reforma permanente en el sistema 鈥渄emocr谩tico鈥 burgu茅s.
En una sociedad de clases, los trabajadores siguen ciegamente las 贸rdenes de los supervisores. Ellos construyen pir谩mides pero cada uno contribuye con una piedra; s贸lo los dirigentes saben que lo est谩n construyendo es una pir谩mide. La jerarquizaci贸n de las tareas hace posible una mayor conciencia de la realidad, pero esta conciencia s贸lo pertenece a la clase dirigente; los trabajadores obedecen ciegamente y carecen de libertad. (鈥) Los dirigentes son libres en la medida de su conciencia. Por esa raz贸n, el ejercicio del arte se convierte cada vez m谩s en una prerrogativa exclusiva de la clase dominante y refleja sus aspiraciones y deseos. La necesidad de preservar un derecho de clase fosiliza la religi贸n, y entonces el arte se separa de ella. (Caudwell, 1972: 54)
La relaci贸n entre la 茅tica y la est茅tica se encuentra en la definici贸n de la verdad como desarrollo inherente a la condici贸n humana, es ah铆 en la verdad, en donde se encuentran los valores que hacen posible que el ser humano trascienda a la condici贸n instintiva de la simulaci贸n como proceso de sobrevivencia (Ingenieros, 1903).
La verdad como instrumento social de la transformaci贸n de la realidad es negada en el contexto capitalista de alto consumo, pues es en el orden de la econom铆a especulativa el consumo se presenta como el objetivo 煤nico de las relaciones de producci贸n de la sociedad, ante este destino preestablecido, con lo que se presenta una negaci贸n de lo humano como orientaci贸n de la vida cotidiana.
Si bien, Caudwell (1972) afirma, adem谩s, que la verdad es una relaci贸n con la percepci贸n del individuo, no deja de asumir que esta relaci贸n se encuentra relacionada con el desarrollo material de las fuerzas productivas, a煤n sin alcanzar a comprender 鈥揷omo producto del desarrollo de la ciencia en su 茅poca (d茅cada de 1930)- que la percepci贸n se encuentra asida a la significaci贸n de la realidad.
La verdad es pues un producto organizado de la lucha del hombre con la naturaleza. A medida que en el curso de esta lucha se acumula capital (t茅cnica y conocimientos) y aumenta su complejidad, la verdad, que es el reflejo de la realidad, va floreciendo en la mente del hombre. Un hombre, en un momento determinado, no puede abarcar sino un aspecto parcial de esa verdad. Esta percepci贸n de la realidad, distorsionada, parcial y limitada, adquiere, sin embargo, car谩cter de verdad, de ciencia, en la mente de todos los hombres. Porque est谩 organizada de acuerdo con las condiciones de la sociedad, las cuales surgen, a su vez, de las necesidades de la producci贸n econ贸mica. De este modo, la verdad es, en todo momento, el complejo constituido por el reflejo parcial de la realidad en la mente de todos los hombres vivientes, no como mera acumulaci贸n, sino tal como esos puntos de vista organizados en una sociedad determinada, de acuerdo con el nivel de desarrollo de la t茅cnica experimental, la literatura cient铆fica, los medios de comunicaci贸n y de difusi贸n y las instalaciones de laboratorio. (Caudwell, 1972: 161)
La relaci贸n entre est茅tica y revoluci贸n, se presenta en la fractura de los significados en los que se soporta el poder establecido, es a trav茅s de la acci贸n humana, en su interpretaci贸n consiente en donde se presenta la desmitificaci贸n del mundo de las formas, as铆, la revoluci贸n se transforma como uno de los aspecto que se modifica en la relaci贸n ontol贸gica con el espacio y el tiempo, present谩ndose la confrontaci贸n entre los elementos en los que dan legitimidad a la imagen, que se expresa en las relaciones cotidianas y la interpretaciones nuevas de la propia realidad.
La est茅tica en su relaci贸n con la revoluci贸n es un juego de m煤ltiples luces y sombras con lenguajes propios, que no se desgrana ante el mundo sino a trav茅s de la significaci贸n del mundo, sin esta significaci贸n es imposible irrumpir con una verdad preestablecida en la est茅tica del consumo, en donde la vida es traslucida, basada en una aton铆a en la que la vida es un consumo perene.
La revoluci贸n es negarse a las relaciones de producci贸n que orienta el capitalismo salvaje, en el que la especulaci贸n y la negaci贸n a la vida por el entorno superpuesto en las explicaciones pict贸ricas de una hermen茅utica figurativa no da paso a las relaciones concretas con un entorno.La est茅tica de ruptura es la que se niega a la mercantilizaci贸n de los elementos creativos, no s贸lo en la obra de arte, que se convierte en una mercanc铆a m谩s, en los t茅rminos de lo superfluo en un esnobismo.
Conclusiones
La percepci贸n de lo est茅tico esta mediado por el lenguaje, de ah铆 que la percepci贸n verbal (Vygotsky, 2000), nos permite enfocar en la 鈥渆ducaci贸n de la mirada鈥 es un punto de partida para la transformaci贸n de la realidad, comprender la relaci贸n que guarda la contemplaci贸n con la significaci贸n est茅tica nos permite comprender los elementos que constituyen.
El territorio y el paisaje que se constituye como una representaci贸n del desarrollo cognitivo de la sociedad en la que se expresa, nos permite pensar que la revoluci贸n posible del proletariado est谩 en la transformaci贸n radical del estado de cosas en las que materialmente se vive, de ah铆 que la lucha est茅tica este directamente ligada a una deslinde ideol贸gico de las formas de producci贸n que propician la desigualdad y enardecen la lucha de clases.
En la sociedad contempor谩nea, en donde los elementos est茅ticos del dise帽o buscan sustituir las necesidades contemplativa del ser humano, la significaci贸n de lo bello pasa por el valor de cambio de las mercanc铆as y en este contexto, las relaciones con la realidad est谩n mediatizadas por los patrones de consumo, el estado moderno es secuestrado por los elementos de dise帽o de la gesti贸n en tanto que la realidad objetiva deja de ser mediada por el sujeto para ser operada por los procesos b谩sicos de interpretaci贸n de la realidad los est铆mulos de las sensaciones.
El avance hacia las Redes Institucionales y a una planeaci贸n territorial de la econom铆a es un primer paso para recuperar la forma est茅tica y con ello los elementos que moralmente constituyen al ser humano en un acto de responsabilidad compartida, en donde la est茅tica est谩 supeditada a la funcionalidad y no al cambio, es decir, en donde el dise帽o no explota los valores subjetivos de las sensaciones y por tanto el intercambio de mercanc铆as est谩 dominado por la emoci贸n y no los procesos inferiores de los sentimientos.
La ruptura est茅tica que est谩 por venir, en la negaci贸n de los aspectos que mediatizan la vida humana al consumo de los fetiches predise帽ados para el intercambio de mercanc铆as, a partir de una valoraci贸n est茅tica de la forma y con ello una negaci贸n a los elementos constituyentes en la est茅tica contempor谩nea.
Uno de los puntos de partida para la ruptura est茅tica es replantear los elementos en los que se soporta la planeaci贸n econ贸mica de la realidad y los supuestos que constituyen a la 鈥済esti贸n鈥 aislada de los procesos de desarrollo, abarcando as铆 la prospectiva en un elemento indicativo y no de normalizaci贸n de los procesos de comunicaci贸n social, en donde el dise帽o soporta el escenario a alcanzar por el entorno social predise帽ado. En este sentido, la planeaci贸n desde las Redes Institucionales, es decir desde el campo de conocimiento a abarcar en un intercambio abierto de las instituciones permite una relaci贸n con el individuo en su condici贸n cotidiana, una acci贸n de corresponsabilidad y cogobierno que permite legitimar los procesos de toma de decisi贸n de las instituciones.
Referencias:
Alegr铆a, Licuime Juan La Ductilidad de la Est茅tica Marxista: El Dialogo Benjamin - Lukacshttp://www.sepiensa.net/edicion/index.php?option=content&task=view&id=640&Itemid=40
Baudrillard, Jean (2000)CULTURA Y SIMULACRO,. Editorial Kair贸s, Espa帽a
Beck, Ulrich (1994) La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad", Paid贸s, Barcelona.
Brea, J.L. (2006) 鈥淓st茅tica, Historia del Arte, Estudios Visuales鈥. En revista Estudios Visuales n煤mero 3 Est茅tica, Historia del Arte, Estudios Visuales, enero. Art铆culo en l铆nea, disponible enwww.estudiosvisuales.net/revista/pdf/num3/brea_estetica.pdf
Buen, Abad Dom铆nguez Fernando Est茅tica Revolucionaria, en Revista Rebeli贸n, 11/01/2006
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=25293
Bruner, Jerome (2004) Actos de Significado. M谩s all谩 de la Revoluci贸n Cognitiva, Alianza, Espa帽a
Caudwell, Christoper (1972) Ilusi贸n y Realidad. Una Po茅tica Marxista, Paid贸s, Argentina
Dewey, J (1949) El Arte como experiencia. Traducci贸n Samuel Ramos., FCE, M茅xico.
Eagleton, Terry (1997) Ideolog铆a. Una Introducci贸n, Paid贸s, Espa帽a
Guti茅rrez, Edgardo Est茅tica y Pol铆tica. El compromiso del artista de los '60 a los '90. En Revista Herramientas, N掳 11 Octubre de 1999
Hadjinicolaou, Nicos (1981) La Producci贸n Art铆stica Frente a sus Significados, Siglo XXI, M茅xico
Hadjinicolaou, Nicos (1979) Historia del Arte y Lucha de Clases, Siglo XXI, M茅xico.
H铆jar, Gonz谩lez Cristina, Zapatistas, lucha en la significaci贸n. Apuntes en Agora, 2007
http://discursovisual.cenart.gob.mx/dvwebne9/agora/agohijar.htm
Jameson, Frederic (2001) Teor铆a de la Postmodernidad. Editorial Trotta, Madrid, Espa帽a.
Kahler, Erich (1993) La Desintegraci贸n de la Forma en las Artes, Siglo XXI, M茅xico
Kahler, Erich (2010) Historia Universal del Hombre, FCE, M茅xico.
Klein, Naomi (2001) No Logo, Paid贸s, Espa帽a
Kuper, Adam (2001) Cultura. La Versi贸n de los Antrop贸logos, Paid贸s, Espa帽a
Lifshitz, Mija铆l (1981) Literatura y Marxismo. Una Controversia, Siglo XXI, M茅xico.
Lifshitz, Mija铆l (1981) Filosof铆a del Arte de Karl Marx, Siglo XXI, M茅xico.
Ligorred, Perrramon Jos茅, Escultura Ind铆gena Maya: Contorno Est茅tico y Lucha por el Poder
dialnet.unirioja.es/servlet/dcfichero_articulo?codigo=2774895&orden=0
Luk谩cs Georg.(1982) Est茅tica I . Editorial Grijalbo, Barcelona
Luk谩cs Georg.(1982) Est茅tica II . Editorial Grijalbo, Barcelona
Luk谩cs Georg.(1982) Est茅tica III . Editorial Grijalbo, Barcelona
Luk谩cs Georg.(1982) Est茅tica IV . Editorial Grijalbo, Barcelona
Luque, Moya Gloria, Est茅tica de los Cotidiano
http://congresos.um.es/filosofiajoven/filosofiajoven2010/paper/viewFile/6961/6681
Lunn, Eug猫ne (1986) Marxismo y modernismo. Un estudio hist贸rico de Luk谩cs, Brecht, Benjamin y Adorno. Fondo de Cultura Econ贸mica, M茅xico.
Marty, Gisele (2000) La Mente Est茅tica. Los Entresijos de la Psicolog铆a del Arte. UIB, SEP, M茅xico
Morales, Zepeda Francisco (1998) Veinte a帽os sin Formaci贸n Comunista en M茅xico, Plenaria del PCM, M茅xico.
______________________(2007) El Impacto de la Biotecnolog铆a en la Formaci贸n de Redes Institucionales. Tesis Doctoral, Universidad de Barcelona, Barcelona, Espa帽a.
Medero, Hern谩ndez Natividad Norma, Teor铆a Est茅tica y Arte: Una Pol茅mica Axiol贸gica Contempor谩nea. Revista Nodo50. 20 MAR 2003
http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/congreso/medero_20mar03.pdf
N. March, Kathleen Lenguaje y lucha social en 芦El zorro de arriba y el zorro de abajo禄, de Jos茅 Mar铆a Arguedas, en
http://revistas.ucm.es/fll/02104547/articulos/ALHI7979110145A.PDF
Pedregal, Casanova Ram贸n Miguel Hern谩ndez, est茅tica y 茅tica o lucha pol铆tica en Revista Rebeli贸n, 13/11/2010
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=116629
Portillo, Gustavo De la Pol铆tica a la Est茅tica, en Investigaci贸n y Postgrado, Vol. 22 N潞 1. 2007
www.scielo.org.ve/pdf/ip/v22n1/art07.pdf
Revueltas, Jos茅 (1981) Cuestionamientos e Intenciones, Era, M茅xico.
S谩nchez, V谩zquez Adolfo (1970) Est茅tica y Marxismo Tomo I, Era, M茅xico
S谩nchez, V谩zquez Adolfo (1970) Est茅tica y Marxismo Tomo II, Era, M茅xico
S谩nchez, V谩zquez Adolfo (1982) Textos de Est茅tica y Teor铆a del Arte, UNAM, M茅xico.
Vygotsky, Lev. (2002) Pensamiento y Lenguaje, Paid贸s, Espa帽a.
____________ (2006) Psicolog铆a del Arte, Paid贸s, M茅xico.
W. Adorno Theodor (2004) Teor铆a est茅tica, Akal, Espa帽a.