Se fue

Saturday, 29 October 2011

El 30 de mayo armé una valija y me vine a Montevideo. Mamá estaba mal, me necesitaba acá para que le diera una mano. Y lo hice. O creo que lo hice. Eso siempre queda en rojo cuando alguien se va. Y mamá se fue. Esperó hasta que Marga viniera y lo último que dijo fue “Viniste, Marga…, viniste a Montevideo”.

Unos días después, se fue. Lo último que le quedó en la conciencia fue que Marga estaba conmigo. Que no me quedaba sola, que a pesar de la distancia de tantos meses, seguíamos juntas. Mamá murió y yo todavía me pregunto qué pasó, cómo puede ser que hoy sea el cumpleaños de papá si mamá no está. ¿Cómo vamos a sobrevivir sin ella? Sin sus consejos, sin su guía, sin su preocupación por nosotras, sin sus imposiciones, sin sus comentarios no solicitados. Sin todo lo que la hacía única.

Y lo hacemos, de alguna manera, Marga, papá y yo, seguimos vivos. Seguimos mirándonos, a veces espantados, pero seguimos acá. No se abrió la tierra, no nos tragó a todos. Mamá se fue y acá estamos, yo he vuelto incluso a reír, porque la vida sigue y es sabia y nos arrastra a los que todavía quedamos para que no nos vayamos hundiendo en el fango del dolor. Lo único que tenemos que tener es a alguien al lado. Papá me tiene a mí, feliz cumpleaños, viejo, a pesar de todo. Y yo la tengo a Marga. Y aunque no soy la mejor compañía, ella me tiene a mí. Y las dos tenemos a los gatos. Y ellos no se tienen entre ellos porque se odian, pero nos tienen a nosotras.

Estoy haciendo trámites legales, estoy haciendo cosas que no me gustan, que me duelen, que me joden un montón. Estoy dando por terminada una etapa muy dolorosa, muy compleja. Y a pesar de lo definitiva que es la situación, es al mismo tiempo, muy cambiante.

Han sido años muy duros, muy difíciles para Marga y para mí. Hace unos días leía mi blog “Capitán en el Puente” y me daba cuenta de lo felices que éramos todos juntos allá por el 2009, cuando todo esto no le pasaba por la cabeza a nadie. Yo venía, claro, porque papá ya estaba mal, pero mamá no. Mamá era “la Comandante” que justamente, comandaba y con total autoridad, mi vida. Y la de papá, y la de Marga, y la de sus hermanas. Comandaba. Estaba bien, tenía energía, tenía ganas de vivir.

Siempre me amenazaba con irse para casa cuando nosotras estuviéramos acá de visita y hacernos las cortinas de voile para las ventanas. No podía concebir una casa sin cortinas de voile. Yo no puedo concebir una vida sin ella.

Y sin embargo a veces parece que hace tanto que se fue.


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